El tercer paisaje

El tercer paisaje

 

El tercer paisaje entre nosotros

 

Amanece y el tercer paisaje se manifiesta. Puedes observar los rígidos edificios o la vida que hay alrededor. Tu eliges.

El azul de la flor de una achicoria que crece bajo el árbol o el botón amarillo de una margarita mirando al sol, mostrando su belleza y fortaleza  en la grieta del asfalto.

 También puedes observar el movimiento  del manto dorado de gramíneas en un otoño ventoso, en algún baldío de cualquier ciudad, o tal vez la enredadera fuertemente apoyada en el viejo muro. ¿quién sostiene a quién?

Paisajes urbanos cambiantes frente a la rigidez inmutable del cemento.

Naturaleza versus civilización en el tercer paisaje

La civilización ha evolucionado de espaldas a la naturaleza, la va consumiendo y agotando hasta reducirla al mínimo.

Ha creado grandes ciudades para alojar y concentrar la población, ha construido autopistas y vías de ferrocarril para entrar y salir de ellas o comunicarse con otras o con los campos de cultivo y complejos fabriles que producen sus alimentos e insumos semejando arterias que unen y nutren órganos de un ser que devora el planeta.

El crecimiento de los núcleos urbanos, a veces caótico, se hizo a expensas de modificar el entorno, eliminando la naturaleza. Asimismo los campos de cultivo redujeron al mínimo posible la diversidad de especies vegetales y animales.

Frente a esto la naturaleza con su increíble poder de resiliencia busca expresarse ante la menor oportunidad y crea un micro cosmos verde y efímero hasta en la grieta de una pared o del asfalto.

El crecimiento y organización de las ciudades ha dejado huecos sin usar, islas conquistadas por plantas pioneras que no tienen la forma espectacular de un bosque o un jardín diseñado y planificado pero que son una realidad romántica.

tercer paisaje

Bordes de alambrados, donde no llegan las máquinas de cultivos; bordes de rutas o de vías de tren y también debajo de autopistas, todos lugares sin función ni posibilidad de uso comercial son el punto donde se manifiestan las plantas colonizadoras.

Esas pioneras que serán primero cobijo de otras más frágiles y luego de pequeños animales para evolucionar con el tiempo y convertirse en selvas, bosques o praderas.

Son rincones de libertad, pequeños resquicios donde la naturaleza se expresa rompiendo la homogeneidad del cemento y la arquitectura. Esta claro que una está destinada a convertirse en ruinas y la otra a prevalecer y prosperar

Estos refugios residuales de naturaleza deberían reservarse como espacios de diversidad, oponiéndose a las prácticas uniformadas de los espacios verdes cultivados.

Lugares indecisos que rompen con lo que es económicamente rentable y productivo.

Los actuales jardines, parques y plazas tienen un escaso repertorio de plantas, pocas especies repetidas y ordenadas de acuerdo a formatos arquitectónicos estándar que también limitan la diversidad de insectos y animales que las pueden habitar.

Refugios de biodiversidad

Gilles Clement, paisajista francés autor del manifiesto del tercer paisaje llama a estos lugares refugio de la biodiversidad y donde insiste por la conservación de esos sitios olvidados que son expresiones de una naturaleza dinámica y cambiante.

Lugares frágiles y ricos donde impera la mezcla y el aparente caos. El que sin embargo es la expresión de una naturaleza atemporal que busca reordenarse.

Numerosos arquitectos, paisajistas y también artistas han estudiado estas manifestaciones de lo natural proponiendo unir estos islotes, franjas y terrenos residuales en corredores naturales que crucen las ciudades llevando biodiversidad al corazón de las mismas.

Han proyectado aprovechar cursos de ríos y bordes de rutas o ferrocarril, crear refugios y caminos para que la vida natural se exprese libremente buscando su equilibrio y mostrando su variedad.

Dejarlas crecer libres en sus lugares con un mantenimiento mínimo que no dependa de expertos sino de la conciencia colectiva.

En palabras del propio Gilles Clement:

“si dejamos de mirar el paisaje como si fuese el objeto de una industria podremos descubrir de repente una gran cantidad de espacios indecisos, desprovistos de función, a los que resulta difícil darles un nombre. Este conjunto no pertenece ni al dominio de la sombre ni al de la luz. Esta situado en sus márgenes: en las orillas de los bosques, a lo largo de las carreteras y de los ríos, en los rincones más olvidados de la cultura, allí donde las maquinas no pueden llegar. Cubre superficies de dimensiones modestas, tan dispersas como las esquinas perdidas de un prado, son unitarios y vastos como las turberas, las landas y ciertos terrenos yermos surgidos de un desprendimiento reciente”.

Exposición «Gilles Clément: La vida se reinventa una y otra vez»

 

 

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