Plantas que ven…escuchan…sienten..

Plantas que ven…escuchan…sienten..

Muchas veces escuchamos a alguien decir que hay que hablarles a las plantas. Nos aseguran que de esta forma ellas nos regalaran más y mejores flores y hojas como agradecimiento.

Considerado como una superstición, las últimas investigaciones empiezan a demostrar que las plantas pueden sentir y así mismo responder a estímulos determinados con reacciones complejas.

Se sabe que pueden comunicarse entre sí y hasta con algunos animales. Extraño, ¿no?

Prestigiosas universidades e instituciones (Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal de la Universidad de Florencia, Universidad de Sydney) están enfocadas en el estudio de estos comportamientos del reino vegetal.

Las plantas han manifestado conductas a veces más complejas que las de animales inferiores.

Todos los pueblos originarios han tenido un contacto estrecho con la naturaleza y muchos, a través de sus brujos o chamanes aseguran hablar con ella.

Han ido tomando los conocimientos y medicinas del ambiente donde viven.

La civilización occidental siempre miró esto como supersticiones. Unas simples creencias tal vez nacidas de mentes incultas que observan un mundo misterioso.

Para el hombre actual y su ciencia, los arboles son considerados simples objetos decorativos del paisaje. Seres estáticos que se diferencian de las rocas porque las estaciones los hacen florecer o cambiar las hojas.

En los últimos 20 años este concepto comenzó a cambiar gracias a un puñado de expertos que se atrevieron a desafiar a sus colegas conservadores y a hacer experimentos más arriesgados y novedosos.

 

¿Neurobiología vegetal?

Estamos asistiendo al nacimiento de una muy novedosa rama de la biología, y si bien las plantas no tienen sistema nervioso o neuronas, el término neurobiología parece ser el más acertado hasta que se encuentre otro nombre para definir la especialidad.

Como salido de la película Avatar o de la historia de la princesa Mononoke ahora se empieza a descubrir que el bosque habla; que la naturaleza se comunica entre sí.

Los árboles y plantas menores pueden conversar con otras a mucha distancia. Así mismo pueden enviarles nutrientes esenciales a las que lo necesitan y hasta reconocer a su familia… ¡casi increíble!.

Se ha comprobado que la red de micorrizas (red de hongos asociados a las raíces de las plantas) pueden llevar información entre arboles que estén a kilómetros de distancia siempre y cuando la red no esté cortada.

Los árboles más grandes y antiguos tienen una red más compleja y serian los guardianes de su descendencia.

Esta red de micorrizas es tan compleja y fundamental para algunas variedades de árboles que la simple recolección de setas (fructificación de los hongos), que impedirían la reproducción de las mismas, pone en peligro especies enteras.

En la Patagonia, el retroceso del ciprés (austrocedrus chilensis) no tiene explicación lógica. Bosques enteros de arboles vigorosos y aparentemente sanos, se secan de un año al otro sin aparente razón.

Algunos lo atribuyen al cambio climático, otros a la recolección indiscriminada de una seta asociada a él, de alto valor culinario. Ejemplos como éste se repiten en diferentes partes del mundo desconcertando a los biólogos.

 

Vegetales con sentidos

Experimentos han demostrado que el guisante puede “escuchar” el sonido de una corriente de agua y dirigir hacia allí sus raíces. También se demostró que las plantas son sensibles al sonido de la masticación de una oruga y ante esto son capaces de responder emitiendo “un olor” capaz de atraer ciertas avispas depredadoras.

Tienen o sienten el tacto, todos conocemos el comportamiento de la llamada sensitiva (mimosa púdica) plegando sus hojas ante el roce de alguna de ellas; se ha comprobado que luego de recibir el mismo estímulo sin que represente una amenaza, la planta deja de plegarse, reconociendo la falta de peligro.

 

                                                                                  Sensitiva (Mimosa pudica)

Responden a la luz del sol y además pueden ver a sus semejantes a través de los reflejos infrarrojos producto de la fotosíntesis. Se podría decir que “ven”.

El olfato es tal vez uno de sus más finos “sentidos”. Se envían señales químicas advirtiéndose de peligros para que las demás respondan elaborando químicos de defensa o convocando a animales que las defiendan.

El olor a césped cortado no es ni más ni menos que un cóctel de sustancias químicas que liberan las hierbas sesgadas. Las plantas creen estar bajo un ataque masivo de orugas y convocan las avispas que las parasitan.

Tal vez lo más asombroso y que aun no se sabe bien para que lo utilizan, es la capacidad de las plantas de emitir sonidos de muy baja frecuencia. Aunque inaudibles para los humanos, se pueden registrar a metros de distancia.

Bajo condiciones de estrés se quejan y lo hacen de distinta forma según sean mutiladas, sean cortadas o faltándoles agua. Estos sonidos pueden ser escuchados por otras plantas o por algunos animales con capacidad de oirlos.

 

Tan distintas, tan cercanas

Las plantas están dejando de ser esos seres pasivos, estáticos y atemporales, ignorantes de lo que sucede alrededor. Se empieza a descubrir que son complejas, con comportamientos elaborados y respuestas propias de seres sensibles.

Un universo de organismos tan opuestos a nosotros que parecerían aliens. Seres capaces de clonarse, reconstruirse a consecuencia de tremendas mutilaciones y alimentarse de la radiación y gases.

El tiempo corre distinto para ellas. No se mueven por el mundo, es el mundo que se mueve a su alrededor.

Muestran capacidades de adaptación, supervivencia y comunicación asombrosas, poseen cualidades de percepción, aprendizaje, memoria, sensibilidad……e ¿inteligencia?

Hay que dejar de lado las formas de ver todo desde el punto de vista animal. Acercarse a ellas sin los prejuicios animales.

Redefinir los conceptos de olfato, inteligencia o memoria para poder aplicarlos a las plantas se hace necesario frente a estos descubrimientos. Tal vez haya que inventar nuevas palabras para explicarlos.

 La DraMónica Gagliano, investigadora en el Centro de Biología Evolutiva de la Universidad de Western Australia, escribió en un reciente artículo:

“A medida que se acumulan las pruebas experimentales de las capacidades cognitivas de las plantas, el asunto controvertido (o incluso tabú) relativo a su bienestar, valor moral y nuestra responsabilidad ética hacia ellas no puede seguir siendo ignorado”.

 Un tema que excede lo científico y abarca a filósofos y humanistas. Todo parece indicar que se está frente a un nuevo paradigma, quizás haya más vida inteligente de lo que se cree.

5 1 vote
Article Rating
Subscribe
Notify of
0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments
0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x